Enfrentar los miedos

 


El miedo es algo inherente al puro instinto de supervivencia y a la perpetuidad de las especies. No por nada está allí implantado, más bien diría, arraigado o hasta enquistado. Es más, hablando en términos súper modernos, está “encriptado”, sólo para poder ser removido por quienes hayan  develado el misterio de su clave de acceso, para desinstalarlo, o por lo menos, poder “reeditarlo”. Es un resabio genético que opera el ahora famoso, por su nuevo nombre, “cerebro reptiliano”, antiguamente llamado cerebelo, lugar donde reside el centro motor de nuestra máquina orgánica y todo este brutal instinto que en la práctica se traduce como huir o pelear. Nuestra parte animal súper resguardada por un feroz dragón…

Despertar conciencia también es despegarse de estas esquirlas olvidadas, a las que la transición evolutiva no les prestó la más mínima atención y que con total desparpajo nos las dejó allí a modo de “tarea para el hogar”. Y ya no hay nadie a quien poder reclamarle semejante exceso de tareas que nos dejaron. Las autoridades responsables cerraron el establecimiento y se marcharon a disfrutar de los dividendos a algún paraíso fiscal…

 Estos aspectos animales que nos han quedado, que son muchos y bien cabrones, son ahora tarea nuestra, ir doblegándolos de uno en uno, o como se pueda, da lo mismo, para poder comenzar a evolucionar como humanos de una buena vez por todas. Dejar por fin de ser animal o ya no comportarse como tal, es la esencia misma de la evolución humana, no sólo basta con que nuestro intelecto sepa que ahora somos humanos, ya es hora de demostrarlo. ¿A quién? Básicamente a uno mismo. ¿Y cómo se hace? Con hechos. ¿Qué tipo de hechos? ¡CONSCIENTES! Así de sencillo, con hechos conscientes; eso significa que provengan de la conciencia y no del ego. ¿Y esto cómo se logra? Pues reconociendo, comprendiendo y enfrentando nuestros miedos sería un buen comienzo. Lo principal para evolucionar de forma consciente es salir de esa amada zona de confort, donde nos haya depositado y olvidado nuestro desatinado destino, porque ¡caramba!, también hay que darse cuenta que dicha famosa zona tan de moda, de la cual todos los coach nos instan a salir por el simple hecho de llamarse de confort, no significa que literalmente lo sea. No, para nada. La zona de confort también puede ser una situación sumamente grave para nosotros, aunque no la percibamos como tal, por el simple hecho de que no tengamos otra referencia, o porque nos la ganó el maldito, sutil y progresivo acostumbramiento… Como cuando el agua les gana la batalla a las ranas, al aumentar su temperatura de forma gradual.

Nuestros padres no enseñaron cuando éramos niños, o por lo menos deberían haberlo hecho, a diferenciar el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, desde su propia perspectiva, claro está, como no puede ser de otra forma. Luego de adultos vemos qué hacemos con esos valores aprendidos, qué nuevas formas les damos o cómo los “modelamos”… Digo esto, porque esa cuestión del bien y del mal, es algo bastante maleable en este planeta, o por lo menos es lo que nos demuestran las distintas culturas que lo habitan. Por eso hay gente que dice que en realidad el bien y el mal no existen, que son dos caras de la misma moneda, y otros, que pretenden ser, no sé si más inteligentes o conscientes, (no lo he podido dilucidar todavía), nos hablan de lo correcto y lo incorrecto, y nos dicen que lo correcto es lo que está en su lugar y, lo incorrecto, es lo que no está en su lugar. Y el ejemplo más clásico es el siguiente: el agua no es ni buena ni mala, pero si está en su lugar es correcto, y fuera de su lugar es incorrecto. Si el agua de tu casa se mantiene dentro de las cañerías y depósitos, es correcta, pero si está chorreando por las paredes e inundando todo el piso, es incorrecta, a pesar de seguir siendo agua… Concepto y ejemplo que debo admitir siempre me gustó y considero sumamente interesante.

Si de verdad pretendemos ser la versión 2.0 de nuestros padres, como indicaría el simple sentido común de la evolución humana, te cuento que el despertar de la conciencia es el verdadero salto cuántico para lograrlo y no seguir dando pasos y más pasos en falso Hablo de hacer simplemente lo necesario para poder revertir una situación tan generalizada de decadencia; en vez de continuar haciendo parecer como trascendente lo intranscendente hay que dejar de invertir los valores y volver al verdadero sentido trascendente para llegar a la cúspide de la autorrealización del Ser Humano, o sea, la manifestación del Ser en este plano, a través del humano.

Hasta el momento, lo único que hemos podido llegar a ser, desde nuestro limitadísimo albedrío inmensamente afectado por las innumerables distracciones de las que ya he hablado, es a una simple actualización más de la misma versión de nuestros padres o ancestros, algo así como la versión 1.0000012. Generación tras generación seguimos siendo siempre la misma versión desde el principio de la humanidad, con puras actualizaciones a lo largo de la historia, pero jamás una nueva versión. Para por fin cambiar de versión o de programa, no estaría nada mal comenzar por enfrentar los miedos, que aunque a algunos les parezca un lugar difícil por dónde empezar, particularmente creo que es el más fácil.

Nos la ponen bien difícil, ¡pero vamos que se puede! Recordemos que nos controlan básicamente por dos aspectos muy bien definidos: el dinero y el miedo. Uno tangible, físico, el otro intangible, psicológico. En la medida que vayamos resolviendo o superando los miedos, nos será mucho más fácil acceder luego a las soluciones para las situaciones tangibles.

 

Habíamos quedado en otro artículo, que esta sociedad inhumana que nos impusieron muy por las malas, precisamente para anular la grandiosa manifestación de la esencia espiritual como lo es la de los seres humanos, está sustentada en una gran sumatoria de estrategias para mantenernos permanentemente distraídos mirando siempre hacia el exterior y, si por casualidad miras hacia tu interior, es sólo para desvalorizarte  y hacerte sentir culpable de todo, o sea, tirarte más tierra encima.

Siempre dentro de la historia de esta civilización ha existido el peligro, y mientras no se despierte conciencia, siempre existirá en demasía y en variadas facetas, sólo basta con consultar las estadísticas de delitos de cualquier ciudad, como yo lo acabo de hacer con la ciudad donde resido, con resultados para nada halagüeños… En definitiva y para decirlo de forma bien sintética: los peligros jamás desaparecen, se camuflan y transforman.

Si realmente queremos despertar conciencia deberemos enfrentar y resolver nuestros miedos, porque el camino del despertar está lleno de incertidumbres, algo previsible si consideramos a la Verdad como lo desconocido de instante en instante. Y digo enfrentarlo y dominarlo porque es casi imposible erradicarlo, ya que está implantado en el instinto animal y siempre operará como el máximo mecanismo de defensa. Podríamos hacerlo consciente llevándolo al nivel de “precaución”.

El miedo está muy ligado al apego, van de la mano como signo de eterno e intrincado romance. Los humanos tenemos una propensión a la creación de todo tipo de apegos: materiales, amorosos, espirituales, y también a las situaciones, sin importar su calidad ni cualidad; un verdadero cúmulo de distintas zonas de confort en desmedro de nuestro avance hacia el encuentro con nuestra Seidad.

Si bien desde que fuimos creados nuestras condiciones han cambiado un poco, los peligros que amenazan nuestras vidas no se han evaporado por la magia de la civilización moderna, simplemente han mutado. Antes corrías peligro de ser devorado por algún animal, y ahora corres peligro de ser asaltado por alguien que todavía no entiende que ha dejado de serlo…

El miedo siempre nos limitará porque es un freno natural a la acción, a “por las dudas” no arriesgar; “estás bien así como estás”, nos susurra al oído para protegernos. Y es mucho más fácil hacerle caso que esforzarse en desafiarlo. Pero tampoco es para tanto ni podemos vivir en una burbuja porque estaríamos desperdiciando la vida, ni tampoco saltar de miedo en miedo porque de los nervios hasta terminaríamos acortando la misma vida…

Creo que la forma más consciente de transformar ese famoso miedo original de fábrica es transformarlo o elevarlo a  la condición de “precaución”. Dejar de ser miedosos y convertirnos en precavidos. Es necesario ser consciente de los peligros, y si bien el miedo te paraliza, la precaución te da la luz verde  para seguir adelante y poder avanzar en todos los amplísimos aspectos de la vida, porque el movimiento es la principal característica de la vida.

No confundamos la necesidad de parar un poco, con la inmovilidad inducida por el miedo.

 

© Gustavo Rubén Cecchini

Comentarios

Publicar un comentario

No acepto comentarios spam
No acepto insultos
No acepto comentarios con enlaces

Entradas más populares de este blog

Eterno aprendiz

¿En qué te gusta creer?