¿Co-crear es evadirse de la realidad?

 


De hecho, co-crear, es transformar una cosa en otra a partir de uno mismo en sintonía con su entorno o exterior, entendiendo por “exterior” el concepto más amplio que se te ocurra. Andan diciendo por ahí que, “lo que buscas te está buscando”, y es cierto; nada más que si no te encuentra es porque tú no vibras en la misma frecuencia que lo que estás buscando, y ni siquiera lo sabes, o por lo menos, no de la manera suficiente como para alcanzar la frecuencia de vibración de aquello que quieres lograr.

Constantemente nuestra realidad está cambiando, ya sea de forma consciente, se podría decir que “forzada” por la voluntad o, inconsciente, que también se le podría decir “orgánica”, pudiendo luego ser conscientes o no del cambio ocurrido; por ejemplo, por el devenir del tiempo. Cambiarla de forma consciente siempre será la mejor manera porque, de todos modos, ya que uno no se puede evadir de su propia realidad, por lo menos creo que será más conveniente que podamos transformarla en la que deseemos. Sin embargo, aunque logremos transformarla, no podremos evadirnos de ella, porque uno siempre vivirá su realidad cualquiera que sea; no podrá evadirse tanto de la que le guste como de la que no le guste.

La realidad opera como el más fiel reflejo de la frecuencia de la vibración de nuestro nivel de ser, es decir, ni más ni menos que nuestra realidad interior, conformado por el gran conglomerado de: cantidad de conciencia despierta, calidad y cualidad de pensamientos, emociones y sentimientos. De ahí entonces que lo primero que debemos hacer es cambiar nuestro estado interior, para lo cual echaremos mano a la “auto-observación”, que sería ya un tema aparte. Lo que nos debe quedar claro es que, para cambiar nuestra realidad exterior, primero debemos transformarnos a nosotros mismos.

Nuestro cuerpo físico no puede evadirse del presente, así como nuestra alma no puede evadirse de la existencia, sin embargo, la mente sí puede hacerlo. La disociación de la mente del cuerpo que le da cabida es algo curioso, aunque, si la mente viaja al pasado, es mejor que lo haga de la mano de la conciencia, primero porque es su protector natural y, segundo, porque es su pasaje de regreso. Si lo hiciera de la mano del ego, perdería su percepción del presente, porque quedaría “pegada” al pasado; en ese caso, su pasado volvería a ser, una especie de falso presente, una irrealidad que podría percibirse como presente. Esto hasta puede volverse peligroso, porque es un anclaje mental negativo. Revivir una y otra vez el pasado desde el ego puede generar un trastorno mental, es decir, una enfermedad mental. Esto cambiaría tu estado interior, habiendo creado inconscientemente otra realidad para ti, negativa en este caso…

Todo lo contrario si fueses al pasado con tu conciencia a modo de anclaje positivo, como refuerzo para la búsqueda de una nueva realidad mejorada y además, consciente; sería esto de verdad, algo totalmente aconsejable a la hora de comenzar un nuevo proyecto o ponerse a pensar en una nueva realidad para uno mismo.

Es muy beneficioso contar con la viva certeza de que si uno ya pudo en el pasado, pues también podrá en el presente, incluso diría que sería hasta necesario y muy conveniente ese tipo de refuerzo. La fortaleza interior es primordial para encarar cualquier proyecto, entendiendo como tal, el amplísimo espectro de la misma palabra. Siempre que conservemos el sano juicio en el viaje al pasado, la co-creación jamás será una evasión de la realidad, entendiendo a la esencia de la realidad como el mismísimo presente en permanente y constante transformación.

Entre la cantidad de cosas que nos han arrebatado, se encuentra nuestro derecho a la abundancia. Han violado uno más de los tantos derechos inalienables del ser humano, que es su bienestar a partir de la prosperidad que intrínsecamente le corresponde por derecho propio como creación álmica, y que por simple carácter transitivo, también le corresponde en su aspecto físico.

Los principios de la co-creación son realidades bien concretas, disponibles para todos los humanos y, son los mismos o por lo menos, forman parte de la ahora famosa ley cósmica de la atracción, que siempre ha existido. Pero claro, había que sacarle rédito económico, se la recupera de la memoria del Universo y se la prostituye utilizándola como producto comercial como un curso de milagros u otros nombres atractivos para el ego, principalmente, si no con el único fin, de hacer dinero, por ambos lados, de quien lo imparte y de quien lo recibe, y me atrevería a afirmar que en el corto plazo lo logrará primero quien lo imparta…

También es muy interesante que la primordial motivación de quienes concurren a los “cursos de milagros”, refiriéndome a estos de forma genérica, es hacer dinero lo más rápido que sea posible y por supuesto con la extraordinaria magia que proporciona el menor esfuerzo. Lo de siempre, ¡hacerse millonario de la noche a la mañana, ahorrándose el tedio del proceso!

Mi siguiente pregunta sería entonces: ¿Por qué no se utilizan estos cursos para llegar a pintar como Velázquez o Rembrandt? Hubo una vez un tal Pablo Picasso al que le llevó cincuenta años pintar como a Pablo Picasso, para citar nada más que a uno de los ejemplos más conocidos, porque hay miles. ¿Por qué no se los venden o aplican para llegar a ser una excelente carmelita descalza o un prestigioso neurocirujano? Y la repuesta es muy fácil y única: a extremadamente poca gente o a nadie le interesa eso, todo el mundo quiere dinero, porque, lo repito, es lo que nos arrebataron desde un principio de forma abrupta e intempestiva, el derecho a la abundancia y prosperidad, que a su vez de forma constante y tortuosa, los que dirigen la sociedad, nos machacan desde todos los ángulos, como lo más importante a lograr en la vida, pero que mejor para ellos si no lo logras; o sea, lo importante es mantenerte en una dicotomía esquizofrénica.

 Pero volvamos al tema de los “cursos”. Muy convenientemente al comenzar también se atajan o abren un bonito y floreado paraguas, dándonos una amena introducción a modo de entremés, acerca del concepto chino de la “fortuna” o “ser afortunado”, y una vez explicada esta muy necesaria aclaración pues, ya estamos listos para pasar a los bifes, a por el dinero, que es lo único que importa y a lo que verdaderamente fue la gente que compró el curso.

También se observa (es lamentable y tragicómico), que de esta necesidad de muchos, hasta se aprovechan muchos predicadores religiosos, haciendo talleres de prosperidad y abundancia en sus iglesias, con el mero fin de captar feligreses, o de mantener cautivos a los ya existentes; o sea, que si te acercas y alabas a “su” Dios, Él te bendecirá con todo el dinero que necesites para concretar tus proyectos, pero que para recibir, primero hay que dar, porque así está escrito en la Biblia… Y claro que, trabajada la moral de esta forma (para no utilizar la fatídica palabra “manipulación” que a tanta gente les molesta), pues las personas terminan donando alegremente parte de su poco dinero a Dios…

Caramba, no es mi intención ofender a nadie, pero no puedo evitar de percibir la coincidencia de la misma vibración y frecuencia energética que emiten ciertos coach y ciertos predicadores religiosos, a la hora de ejercer sus “distintas” tareas… Además, es muy interesante observar el hilo conductor que domina la misma temática discursiva dentro de la infinidad de personas que ofrecen y/o toman cursos alternativos para enriquecerse, normalmente promovidos en internet, ya sea mediante la atractiva Ley de la Atracción, o la “novedad” que se crean que hayan descubierto y, el encubierto interés de mejora económica que se esconde en muchas personas en su vuelco a la “espiritualidad” al abrazar distintas creencias religiosas.

¡Qué buen negocio en el que se ha convertido enseñarle a los demás cómo ser próspero! Porque no he visto ni un solo curso de “co-creación” donde se enseñe a ser un excelente artista plástico hiperrealista o un renombrado neurocirujano, quizás porque para alcanzar el nivel de maestría en ambos rubros lo único que hay que hacer es quemarse las pestañas estudiando durante muchos años y luego dedicarse dieciocho horas diarias durante décadas, para obtener el merecido reconocimiento de la sociedad. Pero resulta que para hacerse millonario sólo basta con hacerse un cursito de “milagros” de algunos días o perderse en plegarias místicas y ya está. Y si no te hiciste millonario con el cursito es porque hay algo que todavía no entiendes o haces mal, o tu oración no es sincera… Es como si un niño de diez años quisiera convertirse de la noche a la mañana en un neurocirujano de prestigio… Por favor…

Las estadísticas nos dicen que llegar a ser lo que pretendemos ser, nos llevará un promedio de cuarenta años, y esto es, si lo logras… O sea, toda una vida de esfuerzo, estudio y práctica. En mi caso personal debo admitir que recién ahora, después de cuarenta y tres años de práctica espiritual estoy comprendiendo lo que me decía mi maestro a mis veinte años…, y hago la salvedad de que no me considero una persona dura de entendederas ni nunca lo he sido… Es que tampoco hay otra, la experiencia te la da la vida, pero tan sólo si te la tomas o has tomado en serio. La maestría, el éxito o como quieras llamar a tu nueva realidad co-creada, es cómo se te recompensa por tu continuo e ininterrumpido esfuerzo: ¡ni se compra ni se regala!

 

©Gustavo Rubén Cecchini

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