¿En qué te gusta creer?
Creo que, en definitiva, cada quien elige en qué creer; claro está, dentro del gran abanico de opciones que nos dan, presentan o proponen, y hasta me atrevería a decir, nos imponen… Porque al final de cuentas, como dice muchísima gente: “En algo hay que creer”. Otra cosa más en la que nos han hecho creer es que, creer en algo es o deba ser, una obligación, de la cual no te puedas escapar, y sobre todo, de que tu creencia no se les escape de sus rigurosas opciones, que por cierto las tienen para todos los gustos.
¿Pero en base a qué se determinan dichas opciones? ¿Acaso
las determinamos nosotros o las aceptamos de otros? Normalmente las aceptamos
de otros. ¿Qué, quién o quienes determinan las opciones sobre las que luego
creemos fundamentar nuestras creencias? Para que sepas y no creas, todas salen
o se originan en el mismo laboratorio de ingeniería social, muy bien oculto en
la más recóndita e inexplorada noche de los tiempos.
¿Y si no te conforma ninguna de las opciones que te
presentan? Te puedes hacer las tuyas propias, pero eso no te lo dicen porque no
les conviene, porque para hacer las tuyas te tendrás que poner a investigar
profundamente, tomando conocimiento de infinidad de temas y hasta descubriendo
cosas que ni siquiera están en los libros, por lo menos en los cuales tienes el
acceso permitido. Y eso es porque si investigas por tu cuenta los pones en
peligro…
¿Y qué diferencia hay entre creer y suponer? Si lo
consultas en internet seguramente te saldrá lo mismo que a mí: “Creer: tener
algo por verosímil o probable. Suponer: dar por sentado y existente algo”.
¡Caramba! El idioma español es maravilloso. No soy
profesor de castellano y literatura, ni mucho menos filólogo, creo que mis
conocimientos acerca de este idioma ni siquiera alcanzarían para llegar a ser
un erudito del mismo. Pero tampoco considero que habría que serlo para darse
cuenta, por lo menos para mi limitado entender, que las anteriores definiciones
no son más que una especie de fundamentación de un caprichoso trabalenguas
intelectual. Mi discernimiento me dice que en la práctica, creer y suponer, es
prácticamente lo mismo, porque los dos devienen de la ignorancia, y que
pretender diferenciarlos, no es más que incrementar aún más la gran confusión
imperante, o sea, otro atentado más al libre discernimiento individual en pos
de impedir el surgimiento de nuevas ideas, libres de las peligrosas limaduras
del óxido de las únicas y ajenas creencias propuestas de siempre.
¿Y si te atreves y pretendes creer en lo único en lo que
se te ha prohibido creer? ¿Cómo crees que te iría? ¿Sabes acaso qué es eso
único en lo que te prohíben creer y el porqué de ello? ¿Qué edad tienes? Bueno,
en realidad tu edad no importa mucho, pero, “creo”, por experiencia propia, que
cuanto antes en la vida lo sepas será mejor para ti, porque de lo contrario
tendrás que suplir el tiempo perdido con la poca o mucha experiencia que le
hayas podido arrebatar a la vida y, créeme, que ser anciano, de ninguna manera
es sinónimo ni garantía de una gran experiencia, sino tan sólo de que los años
te han pasado por encima, porque experiencia es otra cosa, es haber vivido la
vida en vez de haberla dejado tristemente pasar…
Como me gusta decir a veces, para algunas cosas tengo
menos calle que una butaca del teatro Colón, pero de algunas otras puedo dar
cátedra, justamente porque me he sentado más de una vez en una de esas butacas,
para aprender para luego poder actuar, porque subirte al escenario es muy
necesario, y si hay algo primordial que necesites aprender, más allá de cualquier
conocimiento, que por mucho conocimiento que sea no deja de ser simplemente
algo temporal y hasta efímero a veces, es aprender a pensar, que eso sí, es
totalmente atemporal, y más te diría, hasta exquisitamente eterno.
Ah, y de paso te comento que, en lo único que no quieren
que creas, es en ti mismo…
Gustavo Rubén Cecchini

Comentarios
Publicar un comentario
No acepto comentarios spam
No acepto insultos
No acepto comentarios con enlaces