El planeta rojo y el culto a la muerte
La mitología
griega fue uno más de los trofeos de las tantas culturas saqueadas por los
romanos y, el equivalente del dios griego Ares recayó en el dios Marte, o sea,
algo así como un Ares 2.0, porque también se encargaron de remasterizarlo en
cuanto a sus funciones. Mientras que Ares era tan sólo una bestia destructiva y
desestabilizante, resulta que Marte goza de una “revalorización” laboral, ya
que ahora, se encarga de más tareas y
pasa de ser un griego sicótico y desencajado, a un romano centrado y protector,
tan así que, con y por su existencia, la élite del imperio romano justificaba
su vasto poderío militar so pretexto de garantizar la paz, que por otro lado,
siempre brilló por su ausencia, salvo quizás en los tiempos de la Pax Augusta, claro que nada más que de
puertas adentro porque de todas maneras continuaron expandiéndose, o sea,
matando gente… Y también por extensión, el muchacho en cuestión, pasó a ser también
el dios de la virilidad masculina, la violencia, la pasión, la sexualidad, la
valentía, la perfección, la belleza, y como si algo le faltara, el padre
protector de los romanos… Hasta ya puedo imaginarme largas y acaloradas
sesiones de debates en el Senado Romano acerca de cuántos atributos más se le
podrían dar al susodicho Marte…
Al planeta Marte
a simple vista se le ve, según mi visión, apenas algo naranja, pero siempre se
le llamó el planeta rojo. En estos tiempos sabemos, según nos cuentan, que es
por el óxido de hierro que se encuentra en su superficie, y según la historia
oficial, fueron los babilonios los que por su color sangre lo asociaron a
Nergal, su fatídico dios de la guerra, por lo visto, jamás faltante en ninguna
mitología. Y de los barbados babilonios podemos tranquilamente pegar un salto
hasta la delirante obsesión de Elon Musk por llegar a él lo más rápido posible
sin saber nosotros todavía muy bien con qué fin, porque allá realmente durante
miles y miles de años, aparente y oficialmente no ha pasado nada de nada…
Donde sí pasó de
todo fue en nuestro amado, pero a su vez inmensamente vapuleado, planeta azul, como
según nos dicen se ve desde el espacio; aunque para mí este sea el más rojo de
todos los planetas, y no por el óxido de hierro precisamente, sino por los
miles de millones de seres humanos que llevamos muertos en innecesarias guerras
incitadas por la insana codicia y odio, que desde siempre nos fomentaron y nos
enseñaron a desarrollar y perpetuar de generación en generación. Y la
desgraciada sangre derramada no sólo es humana, también lo es de billones de
animales asesinados diariamente para el consumo humano, ya que nos mintieron al
enseñarnos que debíamos matarlos y comerlos para vivir y ser saludables.
El sistema
social inhumano que nos impusieron rinde culto a la muerte, asesinando sin
piedad la tríada de los “reinos” sobre la Tierra, el mineral, el vegetal y el
animal, donde por supuesto está incluido el ser humano que, por si no sabías,
pertenece biológicamente al reino animal, aunque a muchos les pese. Y si no lo
aceptas, no importa, inventamos un cuarto reino, total, acá inventamos de todo;
sería el reino del “animal intelectual mal llamado hombre”, como decía un viejo
Maestro, porque para recibirnos de seres humanos verdaderos todavía nos falta
mucho…
Todos los días
se matan cruelmente millones de animales en todo el mundo para el consumo
humano, y también para “divertirse”, llamando a esta indigna actividad de una
manera muy eufemística, “caza deportiva”. En Argentina y en varios países más
existen muchos cotos de caza, donde acuden personas de todo el mundo a divertirse
para matar a animales indefensos, pagando mucho dinero por cada ejemplar, los
cuales, en la mayoría de los casos, fueron previamente drogados para que se
conviertan en blancos más fáciles…
Asesinan la
vegetación nativa, bosques, sotobosques y selvas, para luego sembrar semillas
transgénicas para el cultivo de otros vegetales comestibles que comerán en
mayor proporción primero los animales y luego los humanos, vegetales altamente
contaminados con todo tipo de agroquímicos cancerígenos como el glifosato, para
sólo nombrar uno… La savia derramada del reino vegetal equivale a la sangre del
reino animal, y ya está demostrado científicamente gracias a la tecnología, el
sufrimiento generalizado de un bosque al ser cortados sus árboles.
Asesinan al
reino mineral con la sobreexplotación de los recursos naturales mediante la
mega minería a cielo abierto, que lo contamina todo con metales pesados,
arsénico y otros venenos, llegando a los ríos y a las napas subterráneas, y así
finalmente destruyen también el agua, la sangre del planeta, fiel sustentadora
de toda clase de vida.
Es como si
Nergal, Ares y Marte, todos ellos, cual mutantes archienemigos del tipo de los
de Marvel, unidos en asociación ilícita, se hubieran puesto de común acuerdo y,
tras arrasar con el antiguo “planeta rojo”, necesitaran otro planeta virgen de
ellos, para continuar con sus fechorías destructivas y contaminantes mediante
sus rituales y cultos de sangre, y que nuestra pobre Pachamama hubiese sido la
víctima más cercana que hubieran encontrado.
Y después tienen
el descaro de echarnos la responsabilidad de todos estos desmanes a nosotros,
los ciudadanos de a pie…
©Gustavo
Rubén Cecchini
Crédito de las ilustraciones:
De Vassil - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3402687
Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=423762
De Klaus-Peter Simon - Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4084887

Y toda esta devastación, por intereses económicos, ni más ni menos ahora en mi hermoso país, con el famoso tren maya, están acabando con miles de habitad y hermosos cenotes naturales, triste 😥
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