El objetivo y la estrategia (parte 1)
Quizás al leer el título
de este artículo hayas creído que encontrarías aquí algo nuevo acerca de cómo
lograr tus objetivos y algunas que otras estrategias para concretarlos… Alguna
nueva táctica misteriosa nunca antes descubierta por los miles de gurúes del
éxito que pululan por internet, que te aseguran con sus técnicas alcanzar el
oro y el moro… Pero no… En este caso, lo admito, me encanta decepcionarte.
Si bien no deja de ser
ese, un tema muy importante, siempre actual y necesario, no es lo que leerás
aquí. De esa clase de información está llena internet en todas sus versiones,
escritas y en vídeos, muy entretenidos y excelentes, charlas y conferencias de
los más grandes motivadores mundiales de la talla del legendario Jim Rhon, hasta
los más modernos como Yokoi Kenji, para nombrar sólo alguno porque son miles y
seguirán apareciendo.
El tema del despertar de
la conciencia es bien controvertido y gelatinoso; de ninguna manera me gustaría
llamarlo “resbaladizo”, porque ese término normalmente se utiliza para otros
menesteres quizás “non sancta”… y, contrariamente, el despertar de la
conciencia, a mi consideración, es el tema más importante de la humanidad, o por
lo menos debiera serlo, porque es lo que determina el real avance de la misma,
muchísimo antes que el desarrollo de la tecnología, que siempre tan obnubilados
nos tiene, sobre todo ahora, con el advenimiento de la inteligencia artificial.
Piensa nomás que la humanidad entera supo vivir miles de años sin la
maravillosa magia de la electricidad… Que la tecnología a partir de la
electricidad nos ha facilitado mucho la vida, pues sí, claro, para eso está,
pero no hace ningún aporte sustancial como para que nuestro nivel espiritual se
eleve…
¿Pero por qué la
humanidad no logra superarse espiritualmente y sí lo hace en el aspecto
tecnológico? Como preguntaba en un artículo anterior, ¿por qué después de
tantos miles de años nos seguimos matando y robando? Y no creo que sea por
falta de buenos Maestros, porque los ha habido muchos, de todas las razas y
colores… ¿Entonces? ¿Será que los humanos somos tan malos alumnos que no podemos
ser capaces de aprender cuestiones tan básicas que permitan una buena
convivencia? ¿Cuántos millones de resignados ancestros muertos inútilmente
necesitamos en nuestro árbol genealógico como para comprender y modificar
nuestras conductas erróneas?
En mi opinión no creo que
seamos ni buenos ni malos alumnos, seguramente habremos de ambos, esto sería
algo muy difícil de determinar y saber. Lo que sí sé, es que, si constantemente
te dan en el alimento, micro dosis diarias de veneno, tarde o temprano
enfermarás y morirás. O sea, nada bueno podría pasarte; en la jerga literaria a
eso le llamaríamos “Crónica de una muerte anunciada” … Un buen ejemplo,
realmente me encanta por lo perfectamente descriptivo, es ese que nos muestra
un vaso con agua sucia, el cual, a medida que le vamos echando agua limpia, ese
nuevo agua va aclarando la sucia; luego el agua del vaso rebosa y le seguimos
vertiendo más y más agua limpia hasta que finalmente, el agua sucia que queda
es tan imperceptible que sólo vemos pura agua limpia. Pero si hacemos lo
contrario, si seguimos llenando el vaso con agua sucia, con más agua sucia,
jamás habrá agua limpia en el vaso. ¿Acaso la culpa la tiene el vaso?
Si bien el ser humano no
es un vaso, actúa como el vaso de la historia, permanece inmóvil, incapaz de
actuar por sí mismo. Si se le alimenta el espíritu, la mente y las emociones,
con micro dosis diarias de veneno, llamémosles, discordias, miedos,
inseguridades, partidismos, frustraciones, ideologías, creencias insanas, y
todo tipo de negativismos muy bien dirigidos a anular su crecimiento espiritual,
es más que obvio que jamás se podrá depurar y nunca dejará de cometer
barbaries.
¿Y esto por qué será?
Porque, “el” objetivo, es que el ser humano jamás despierte conciencia.
Gustavo Rubén Cecchini
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