Con licencia para escribir.
Nuestras almas
provienen de otros mundos, distintos y distantes. Algunos somos hermanos del
mismo, pero en definitiva todos hermanos y entrelazados. También somos seres
humanos, nada más que de otros mundos. Venimos en son de paz, como hemos
aprendido a decir acá. No nos ha sido nada fácil, creedme. Nuestras almas han
tenido que pasar por una difícil transición, adaptación, aprendizajes de todo
tipo, con el fin de comprenderos para ser capaces de calibrar el mensaje.
Para ello, al
ingresar aquí, nuestras memorias conscientes también fueron borradas como las
vuestras, para que juguemos con las mismas cartas y vivir tal cual vosotros,
repito, a fin de comprenderos.
No somos
perfectos, qué va, eso no existe; simplemente existe la evolución. Y como no
somos perfectos, había y sigue habiendo, infinidad de cosas que todavía no
sabemos, por lo que también somos conscientes de nuestra ignorancia. Algunos
hemos encarnado aquí desde hace mucho tiempo y otros no tanto. En mi caso, que
haya podido recordar, esta es mi quinta encarnación, pero repito, que yo
recuerde, porque también pueden ser muchísimas más, todo depende de lo que cada
quien deba aprender o recapitular, porque también las hay de esas almas que
recapitulan.
La mayoría somos
artistas, porque es una de las mejores maneras de entregar un mensaje sin
mayores cuestionamientos, por esa misma cualidad intrínseca de la que goza el
arte, me refiero a ese despreocupado subjetivismo del que no se cansa de hacer
ostentación y alarde, porque el día que no lo hiciese quizás habríamos
fracasado, qué triste sería…
También han
llegado otro tipo de artistas, mucho más artesanos, que aquí según a lo que se
dediquen les llaman, ingenieros, científicos y denominaciones por el estilo… Ellos
traen diferentes mensajes con los que los artistas no nos metemos, pero con los
que de igual manera podemos cooperar, y con los cuales, creednos, nos
asombramos luego junto con vosotros.
A cada uno de nosotros, en algún momento de
alguna de nuestras vidas, nos espabila un sacudón, nuestra conciencia despierta
de su modorra y, lentamente, comenzamos a recuperar la memoria, de forma
desordenada, pero a su vez impetuosa. Y digo, en cualquier momento, porque
puede ser a cualquier edad, siendo niños, adolescentes, jóvenes, adultos o ya
ancianos. No sé bien de qué dependerá, tal vez del mensaje, tal vez de cómo la
persona haya contaminado su conciencia en el período de las necesarias
encarnaciones de adaptación, de la fuerza interior de cada uno, no lo sé,
realmente no lo sé; lo que sí sé es que es una decisión de su Ser Interno.
También sé que
una vez que comenzamos a despertar, se hace notorio a nivel espiritual y por
ende cambia nuestra frecuencia de vibración. Es allí cuando nos detectan. Es
allí mismo entonces, cuando se nos terminó la paz y la vida se nos transforma
en pesadilla. El ataque es en todos los niveles, físico, económico, emocional y
espiritual, con el único fin de destruirnos, que sería lo ideal, o si no, minar
todas nuestras fuerzas a tal punto que el mensaje nunca pueda ser dado.
Y de hecho lo
logran. Muchos de nosotros mueren en el camino, otros, aunque no lleguen a
morir, sus mensajes se pierden, se diluyen, se distorsionan… Pero sus banderas
son enarboladas por los que siguen en pie, porque somos conscientes de que lo
que importan son los mensajes y no los mensajeros. Por esto mismo, somos varios
con los mismos mensajes, por las dudas… Algunos nos conocemos entre nosotros,
personalmente o a la distancias. Con que algunos logren entregar su mensaje,
está bien; no importa si es Fulano o Mengano, lo que importa es el mensaje y su
entrega. Una vez entregado el mensaje, nuestra misión finaliza, pero no
quedaréis solos, siempre hemos estado y siempre estaremos con vosotros.
¡No lo olvidéis,
somos hermanos!
Gustavo
Rubén Cecchini

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