Síndrome del impostor, qué es y cómo nos limita
Hace unos días una persona me preguntó sobre el Síndrome del Impostor, qué es y cómo nos limita, y pensé: “A lo mejor esta persona anda experimentando alguna culpa por algo, quién sabe…” Así que me di a investigar un poco el tema como para poder responderle desde, por supuesto, desde mi punto de vista…
Después de
leer algunos artículos llegué a una transitoria conclusión, y digo transitoria
porque siempre, de acuerdo a nuestra constante evolución, estamos en nuestro
derecho de cambiar cualquier conclusión a la que hayamos llegado antes.
Para mí, este
síndrome no es otra cosa que una más de las tantas falencias psicológicas que
afecta a los seres humanos y que también proviene, como otros desórdenes
mentales leves, de la falta de autoestima que muchísimas personas sufren hoy en
día.
La sociedad
cada día nos exige más y más, y nos sentimos presionados a tener que responder
a todos los estímulos que se nos presentan como si fuéramos profesionales en
todas y cada una de las distintas circunstancias a la que nos enfrenta la vida
diaria en cada uno de sus aspectos, el laboral, el personal, el sentimental, el
familiar y ahora hasta le podríamos sumar por qué no, el tecnológico.
Y por
supuesto que es verdad que en la medida que podamos y esté a nuestro alcance,
debemos responder a todos ellos de la mejor manera posible. Eso es, desde
nuestra capacidad, habilidad, idoneidad y entendimiento, nos obligamos a actuar
y resolver los problemas y situaciones que se nos presenten. Eso incluye poder
enfrentar lo nuevo desde nuestra propia impronta y, por sobre todas las cosas
con la conciencia tranquila. Porque tener que enfrentarnos a algo nuevo de
ninguna manera debiera hacernos sentir un impostor en la materia, sino más bien
un aprendiz; esa sería la postura correcta ante una situación nueva, la de
aventurarnos a iniciar una nueva actividad cualquiera sea, como por ejemplo
desde encarar una venta sin ser ni sentirse un vendedor profesional, hasta a
animarse a escribir un primer libro sabiendo que no se es escritor, porque para
todo siempre hay una primera vez.
El síndrome
del impostor es otra cara más de nuestros miedos internos. En este caso, se nos
presenta como otra intrincada faceta, una insana inseguridad que nos induce a
pensar que nos estamos presentando ante la sociedad como algo que no somos,
como para lo que no estamos preparados, es decir, como que no estamos a la
altura de las circunstancias a los ojos vista del resto del mundo y estar
temerosos a que nos descubriesen, como si estuviéramos haciendo algo malo.
Es que el
síndrome del impostor no deja de ser también otro sutil derivado más de la
paranoia. Y le vamos sumando… No hay manera de que el miedo no nos limite
porque esa es una de sus funciones principales, ponernos límites, porque es la
forma instintiva de protegernos, pero la pregunta sería: ¿protegernos de qué?
Si bien ya no estamos en la época de la prehistoria donde podíamos fácilmente
convertirnos en el alimento de algún otro carnívoro predador, sí todavía
tenemos en nuestra sociedad moderna un sinnúmero de peligros para los cuales
debemos estar, primero, en conocimiento de ellos, y segundo, “prevenidos”, no
temerosos sino prevenidos.
Es una
tarea primordial de cada uno de nosotros hacer un profundo trabajo interior
para ir erradicando los miedos, haciendo una introspección constante para
descubrirlos uno a uno y poder descubrir sus raíces para poder instaurar la
precaución en nuestra conciencia para que luego se pueda materializar en
nuestra conducta, porque los peligros son reales, pero el miedo es optativo.
Hagamos de la precaución nuestra forma consciente de protegernos y erradiquemos
el miedo de nuestra mente para animarnos a tener la vida plena que nos
merecemos.
Gustavo Rubén Cecchini

Muy interesante. Está claro que el miedo es algo natural, y no es del todo malo... Pero está bien eso de hacer de la precaución nuestra forma consciente de protegernos, me ha gustado.
ResponderBorrarA ponerlo en práctica don Milo!
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